Una razón para amar 25 de Adele

Una razón para amar 25 de Adele

ESCRITO POR: JORGE DIAZ
PUBLICADO ORIGINALMENTE EN SU VERSIÓN EN INGLÉS EN VIBBIDI: Adele

No hace mucho sufrí una pérdida y, sobre todo, un reencuentro con una persona que no siempre me agrada: yo mismo. Mi tío ya no está aquí y yo no estuve ahí para decir adiós. Yo siempre estuve lejos, yo siempre estoy lejos de todo y de todos. Él era lo más querido para mi cuando fui niño, pero la desgracia de crecer y convertirte en un “adulto”, te endurece el corazón, tu egoísmo no te permite entender que ahí está la gente siempre, sin pedir nada; por el contrario, sólo esperando una llamada, una visita corta, una carta quizá, algo que le haga pensar que sigue siendo querido y valorado, algo que le dé la certeza de que le dedicas un pensamiento alguna vez y aunque así fue, nunca se lo hice saber. Solamente eso y nada más. Pues ni de eso, ni de algo más fui capaz de hacer antes de su muerte, me limité a informarme sobre su estado de salud a través de otros. Y las cosas ya no serán como antes, sólo los recuerdos quedarán y quizá perdonarme algún día por no haberme acercado, como hubiera sido su deseo, sólo para verme, nada más. No sé cuántas horas llevo escuchando una y otra vez “When We Were Young” de Adele, que me hace recordar muchas de las cosas que viví en esa niñez que perdí y estoy seguro no volveré a recuperar. Esa niñez en la que mi tío fue precisamente quien me introdujo al arte. Fueron horas fascinantes e interminables grabando “nuestra radionovela” del libro de Orson Welles: “The War of World’s”. En una vieja grabadora, él, mis hermanos y yo, el más pequeño, no sentíamos que el tiempo pasara mientras leíamos el libreto que mi tío preparó. Eran más risas que otra cosa, pero eso era lo más hermoso que nos podía haber pasado, tener un tío como él. Pasaba las horas con los ojos abiertos como platos mientras contemplaba su brillante forma de pintar paisajes. Nunca hubiera aprendido a nadar si no hubiera sido por él. Y la guitarra que lo acompañaba siempre que había una reunión familiar. Fue un guitarrista muy básico pero que sabía lo suficiente como para divertirnos por horas. Las más hermosas canciones de los “Tríos” de su época, la música mexicana más entrañable y el Rock ‘n’ Roll de los 50’s y 60’s no podían faltar.


Muchos discos


Cuántos discos son demasiados? No lo sé, lo único de lo que estoy seguro es que ese gran tipo que acaba de irse tenía una colección inmensa. Pasaba por todas las épocas, estilos, idiomas y países. No había forma de no tener un pretexto perfecto para tocar algo, todos lo estados de ánimo estaban contemplados en la colección. Qué fue lo último que escuchó de esa enorme colección? Se despediría de este mundo con algo tradicional, ácido, festivo o triste? Fue el dolor lo que lo mandó al otro lado o fue la soledad? Esa soledad de la que yo fui parte porque nunca estuve. Quizá si me pongo a escuchar sus discos le permita a él despertar en donde quiera que esté, quizá sólo consiga ponerlo más triste. Qué debo hacer, dejarlos como están o escuchar toda esa música? Es probablemente mejor seguir llorando como lo estoy ahora mientras escucho la misma canción de Adele millones de veces. Viendo esas fotos con colores desgastado y gente sonriendo, entre ellos ese niño que se convirtió en adulto y el egoísmo lo llevó a todos lados, menos a los lugares indicados, a esos en los que confirmamos lo que somos y por qué estamos aquí, a esos lugares que hoy sólo puedo ver en color sepia. Las risas y las caras jóvenes, los muebles y las televisiones viejas, los dulces en Navidad y las cenas familiares, las razones por las que uno crece y de pronto olvida, los seres que sólo querían verte una vez más y se fueron sin poderlo hacer. La vida que continua, pero va dejando recuerdos en el olvido y olvido en las personas que alguna vez te amaron. La música que te acompaña y te hace más sensible, pero al mismo tiempo las cosas que te pasan y te hacen huir. Los días de campo que él y sólo él sabía hacer tan divertidos, la comida que estaba ahí todo el tiempo, los chistes involuntarios y los chismes del momento. Todo se va quedando en una nube que conserva esos recuerdos, los buenos y los malos, pero al mismo tiempo los aísla de tu memoria inmediata y te juega la mala broma de hacerte pensar que nunca pasó o que no importó y cuando vez que algo te falta, te das cuenta de que esos recuerdos siempre debieron estar presentes para regalarle a aquél que lo necesitaba un “hola, cómo estás”. Tan simple como eso y tan complicado como eso. Quién sufre más? Aquél que se fue con la pena de no verte una vez más o este que se queda con el dolor que provoca su propia indiferencia? Los lugares también requieren tu presencia; de lo contario, desaparecen para siempre.


Sólo una razón


No me parece justo hablar de que sólo una canción de este disco haya ocupado todo mi tiempo para escribir en esta ocasión, son muchas las canciones que contiene y todas merecen una atención especial; sin embargo, el poder de la música es así, no sabes qué canción y en qué momento tocará las fibras para desgarrarte el alma, llenarla de felicidad o ahogarla en la tristeza. Sólo esa canción es una razón para amar este disco. Por lo pronto, yo no me desharé de los discos que con tanto amor coleccionó mi tío, porque será en ellos donde permanecerá vivo para mi y en todo su esplendor. Escucharé cada uno de ellos, todos los estilos, todos los idiomas, todos los estados de ánimo. Trataré de revivir el espíritu que lo llevaba a hacer un esfuerzo muy grande por aprender unos pocos acordes en la guitarra para hacernos la vida más feliz. Hoy celebro su amor por las distintas expresiones del arte, su devoción a los sobrinos y su ímpetu por procurarnos siempre una infancia feliz. Pero, sobre todo, celebro haberlo conocido y que haya formado parte de mi vida, esa que, aunque escondida, estará ahí para siempre.


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